lunes, 19 de diciembre de 2011

Ternura, ternura política. Etica del ciudado, la amistad, y la camaradería. Ternura, amor puro, con las amigas, con los aliados, con los que te miran a la cara. Ternura para aflojar un cuerpo al que constantemente le asignan un nivel de violencia avasallante, solo por ser gordo y maricon. Les devuelvo su violencia impuesta, esa que no elijo ejercer, sino aquella que resulta productiva, necesaria para que los cuerpos corridos de la norma sean constituidos en eso. En abyecciones útiles, para que el horror y el miedo generen distancia, para que no sea posible una existencia feliz con esta materialidad, con esta forma. Les devuelvo esa violencia falsa, armada, esa insistencia que ciega el deseo ajeno, y me deja solo. Porque para eso servimos, para encausar las vidas “correctas”. Ternura, cariño y calor en el cuerpo, para reírnos de ese mal ejemplo que somos del deber ser. Acá estamos, tiernos, alegres, rabiosos pero porque queremos. Acá estamos, eligiendo qué ser y cuándo, y cómo, y dónde, sin que eso le sirva a la monstruosa heterosexualidad que construye cuerpos normados, esperables, armónicos, ejemplares, y supuestamente gozosos. Aquí en el barro del amor entre cerdos, mariposas y brujas, descansamos alegres, escuchando música fuerte, y moviéndonos al ritmo.

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